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Pergamino

Profundo pesar en Pergamino por la muerte de Tito Friguglietti, histórico comerciante y referente del peronismo local

#Pergamino | La ciudad despide a Juan Carlos “Tito” Friguglietti, una figura clave del comercio, la militancia y la vida comunitaria. Con 89 años, dejó un legado que abarca seis décadas de trabajo, compromiso social y participación política.

  • 28/11/2025 • 09:46
La Opinion

La comunidad de Pergamino atraviesa horas de profundo pesar tras el fallecimiento de Juan Carlos “Tito” Friguglietti, un nombre inseparable de la historia comercial, política y social de la ciudad. A los 89 años, dejó este jueves una huella imborrable que se extendió a lo largo de más de seis décadas de trabajo, militancia y participación pública. 

Su partida golpea especialmente a su esposa, Irma Noemí Susán; a sus hijos Ricardo y Juan Manuel; a su nuera Mariel; a sus nietos Santiago, Federico, Eugenia, Lucía y Virginia; a sus nietos políticos Alejo y Pía; a sus bisnietos Charo y León; y a su hermana Mary. A ellos se suma un amplio círculo de amistades y vecinos que valoraron su cercanía, su palabra y su incansable dedicación al trabajo.

Nacido en Pergamino y con una infancia que lo llevó por un tiempo a Concepción del Uruguay, siempre destacó la formación recibida en la Escuela Nicolás Avellaneda. Era el mayor de los hijos de Carlos Friguglietti y María Victoria Deroche, y desde joven absorbió la ética de trabajo de su padre, mecánico tornero que se mantuvo activo hasta los 93 años. Ese ejemplo marcó para siempre su camino.

Sus primeros pasos en el comercio fueron casi anecdóticos: con 15 años descargó gajos de banana en el viejo mercado y luego vendió fruta en un carrito en Pueyrredón y San Nicolás. Aquel inicio simple le enseñó el valor del trato directo y la constancia. Más tarde trabajó en Óptica Martín, donde se adentró en el revelado fotográfico de la mano de Isacio Martín, un descubrimiento que definió toda su vocación.

Con una cámara sencilla y el apoyo de su padre, comenzó a cubrir eventos sociales: bautismos, aniversarios, casamientos. También colaboró como reportero gráfico en los diarios El Tiempo y LA OPINIÓN y trabajó durante 19 años como fotógrafo policial, un rol exigente y clave para la documentación de expedientes. Su material llegó incluso a publicarse en la revista Así en un caso resonante de la ciudad.

Esa trayectoria lo llevó a fundar, junto a Francisco Raimundo, Fotorama, en Dr. Alem 148, un comercio que se convirtió en sinónimo de fotografía en Pergamino. Tras la división de la sociedad, quedó al frente del negocio y lo expandió hacia nuevas áreas: ventas mayoristas, productos radiográficos, televisores y laboratorios que permitían obtener imágenes en el día. Llegó a emplear a once trabajadores y a administrar una flota de tres camiones. Su capacidad de adaptación mantuvo vivo el nombre Fotorama incluso ante los cambios tecnológicos que transformaron por completo la industria.

Para Tito, el comercio era una forma de vida. Aun en sus últimos años seguía presente en el local, acompañando a sus hijos y sosteniendo una rutina que, según decía, “le hacía bien”.

Su vínculo con el peronismo fue igual de profundo. Militó desde joven, influido por su propia experiencia durante el servicio militar, y participó activamente en el Club San Telmo, en consorcios barriales y en la gestión municipal. Fue secretario de Acción Social durante la administración de Carlos Nazareno Gaspard, acompañó a dirigentes como Ítalo Luder y Herminio Iglesias, integró los equipos de Eduardo Duhalde y formó parte del Consejo del Partido Justicialista bonaerense. A nivel local, su paso por el Concejo Deliberante hasta 1999 constituyó uno de sus mayores orgullos.

También colaboró con el Semanario El Tiempo junto a Pedro Rivero y trabajó en la obra social UATRE, convocado por Alberto Jacquelin. Su visión de la política, decía, era la misma que la del comercio: “cada persona debe elegir su camino”. Observaba los cambios de época con lucidez y mantuvo siempre interés por la vida pública de su ciudad.

Tito valoraba la serenidad, la amistad y la vida en familia. La pérdida de su hija Marisa significó un golpe muy duro, y desde entonces se volcó aún más a sus afectos cercanos, delegando responsabilidades comerciales en sus hijos.

En sus reflexiones de los últimos años citaba un texto de Mario Vargas Llosa que hablaba del paso del tiempo y de la maravilla de vivir. Esa idea lo acompañó siempre: aceptar la vida con sus aciertos y errores, con fortaleza y esperanza.

Su partida deja un vacío profundo en Pergamino. Su legado vive en quienes lo conocieron, en las generaciones que formó detrás del mostrador, en su compromiso con lo público y en una forma de habitar la ciudad marcada por la cercanía, la vocación de trabajo y el respeto. 

TAPA DEL DÍA - www.tapadeldia.com

Con información de Alfonso Godoy para La Opinion