TAPA DEL DÍA Lo que comenzó como una situación límite dentro de una familia de Pergamino hoy busca convertirse en una herramienta de transformación social. Luego de atravesar un shock anafiláctico que puso en riesgo la vida de su hijo André, Gisela Raimundo decidió avanzar con una iniciativa que apunta a un objetivo ambicioso: convertir la experiencia personal en evidencia concreta para impulsar políticas públicas de prevención. A través de su cuenta de Instagram @Lic.giselaraimundo, lanzó una encuesta abierta destinada a medir el nivel de conocimiento y preparación frente a la anafilaxia en ámbitos educativos, deportivos y recreativos. El relevamiento ya reúne cerca de 500 respuestas y continúa en expansión, con la intención de alcanzar un volumen estadístico que permita respaldar futuras iniciativas legislativas. De una emergencia médica a una acción colectiva “Después de atravesar la anafilaxia tan grave que tuve con André entendí que no es un problema solo mío”, explica Raimundo. La experiencia, marcada por la urgencia y la incertidumbre, dejó al descubierto una preocupación mayor: la falta de preparación generalizada frente a emergencias que evolucionan en cuestión de minutos. Según sostiene, muchas veces el mayor riesgo no es únicamente la reacción alérgica, sino la ausencia de protocolos claros y capacitación adecuada en los espacios donde ocurren estas situaciones. Con esa premisa diseñó un cuestionario que busca ir más allá de una simple opinión pública. “No quiero reunir solamente testimonios. Está pensado como un instrumento para medir”, remarca. Qué mide el relevamiento La encuesta se estructura sobre tres ejes centrales que permiten analizar la realidad desde distintas perspectivas: Nivel de conocimiento general sobre anafilaxia. Grado de preparación real en instituciones. Experiencias concretas de personas alérgicas y sus familias. El objetivo es generar información verificable y comparable, un aspecto que —según advierte Raimundo— hoy presenta un vacío significativo en Argentina. “No encontré datos públicos actualizados que indiquen cuántas instituciones tienen protocolos reales contra la anafilaxia o cuántas están capacitadas para reconocer una emergencia vital”, señala. Un problema invisible por falta de datos Uno de los puntos más sensibles que expone la iniciativa es la ausencia de estadísticas oficiales sobre diagnósticos tardíos o respuestas inadecuadas ante episodios anafilácticos. En el caso de André, el cuadro inicialmente fue interpretado como otra afección hasta que se identificó correctamente la anafilaxia. Los especialistas coinciden en que esta reacción alérgica severa puede progresar rápidamente y que la adrenalina intramuscular constituye el tratamiento de primera línea. Cada minuto de demora incrementa el riesgo de complicaciones graves. “Las estadísticas permiten demostrar si la sociedad sabe o no cómo actuar y si existen protocolos claros”, afirma. El camino hacia una ley El relevamiento busca convertirse en la base empírica para un proyecto legislativo que contemple medidas concretas de prevención y respuesta: Capacitación obligatoria anual para reconocer anafilaxia. Protocolos claros de actuación ante emergencias vitales. Disponibilidad accesible de medicación según nivel de riesgo territorial. Articulación efectiva con el sistema de salud. Raimundo aclara que la iniciativa no apunta a cuestionar instituciones existentes, sino a fortalecer la prevención. “No busco confrontar con el sistema de salud ni con el educativo. Todo lo contrario: busco anticiparnos a las emergencias”, sostiene. También advierte sobre las desigualdades territoriales, especialmente en clubes, pueblos o espacios alejados de centros hospitalarios donde la respuesta inmediata puede marcar la diferencia. La propuesta ya cuenta con el acompañamiento técnico de integrantes de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, quienes analizan la viabilidad legislativa de una normativa específica. Una convocatoria abierta a toda la comunidad Actualmente la encuesta supera las 450 respuestas, aunque su impulsora insiste en que necesita mayor difusión para alcanzar solidez estadística. La participación es anónima y está dirigida a familias, docentes, instituciones y cualquier persona interesada en aportar información. La convocatoria permanece abierta a través de Instagram y busca construir una base de datos que permita dimensionar una problemática que, según especialistas, muchas veces permanece subestimada. Cuando la prevención puede salvar vidas La historia de André, quien sobrevivió a un shock anafiláctico provocado por la picadura de una hormiga, marcó un punto de inflexión familiar. Hoy el niño cuenta con su kit de emergencia y realiza inmunoterapia, pero la experiencia dejó una convicción clara. “Reconocer el síntoma y actuar rápido puede salvar una vida”, afirma Raimundo. Su iniciativa intenta justamente eso: que ninguna familia dependa únicamente del azar frente a una emergencia que se define en minutos. La encuesta representa así el primer paso de un proceso que busca transformar una vivencia personal en conciencia colectiva y, eventualmente, en una política pública capaz de prevenir tragedias evitables. Una reflexión necesaria La propuesta abre un debate que excede un caso individual: cuánto sabe realmente la sociedad sobre emergencias médicas críticas y qué tan preparados están los espacios cotidianos para responder. En tiempos donde la prevención sanitaria gana centralidad, iniciativas basadas en datos reales pueden convertirse en el puente entre la experiencia ciudadana y decisiones públicas más eficientes. TAPA DEL DÍA