Juan, el nómade del sol: la historia de un alma libre que duerme en las calles de Pergamino TAPA DEL DÍA encontró a Juan en una galería del centro de Pergamino. Con dos frazadas finitas y una mirada curtida por el viento y los años, nos invitó a sentarnos para charlar mientras se armaba un porro. Nació en La Rioja capital, pero hace más de 40 años que vive como nómade. Desde los 11 años recorre la Argentina y parte de Sudamérica. "No me puedo arraigar a nada, ni a una familia, ni a una casa, ni a una cosa", nos dice mientras ríe con los ojos. Juan calcula que debe tener entre 55 y 58 años, aunque no lo sabe con certeza. "Hace años hice los documentos en Santa Fe pero nunca los fui a buscar", cuenta. Se gana la vida vendiendo pañuelos, medias o lo que consiga para el día. Duerme en plazas, galerías, bancos o pensiones si logra juntar algo para una noche bajo techo. "El sol es la cobija de los pobres", afirma con una sonrisa. Y es que Juan ama el sol. No tiene celular, ni redes sociales, ni cuenta bancaria. No sabe lo que es Instagram, ni cómo funciona WhatsApp. Su única red es el camino. Estuvo en Bolivia, Perú, Paraguay, Brasil y recorre cada verano la costa argentina. "Este año no fui porque me dijeron que Mar del Plata estaba brava con los de la calle", confiesa. Es la tercera vez que vive en Pergamino, aunque no sabe por cuánto tiempo se quedará. Algunos lo tildan de “insultador”, pero con TAPA DEL DÍA fue puro respeto. Nos agradeció por escucharlo, por preguntar, por interesarnos. Tiene dos hijos con los que perdió contacto hace años. "Quizás estén bien... no quiero molestar", susurra. Se define como "rastafari", un espíritu libre, sin ataduras, sin planes a largo plazo. Su sueño: “Terminar mis días en el Caribe. Sentarme frente al mar y mirar el sol sin tener que pensar en nada”. Desde TAPA DEL DÍA queremos dejarle a Juan este mensaje: "La libertad con la que vivís, Juan, es algo que muchos envidiarían desde sus oficinas o sus casas. Que el camino te siga dando historias y que encuentres tu sol en el Caribe que soñás." Si alguna vez lo ves, saludalo. Escuchalo. Tal vez Juan no tenga techo, pero tiene historias, experiencia y una paz que a veces parece inalcanzable para el resto del mundo.