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Sin rumbo claro y con internas abiertas: el PJ aún no encuentra una estrategia común frente a Milei

#BuenosAires | Tras un año electoral adverso, el peronismo atraviesa un proceso de reordenamiento marcado por tensiones internas, diferencias entre la conducción nacional y los gobernadores, y una disputa central en la provincia de Buenos Aires que condiciona cualquier intento de reconstrucción política.

  • 11/01/2026 • 11:05

TAPA DEL DÍA

El Partido Justicialista sigue inmerso en una etapa de indefinición política que, lejos de resolverse tras el último ciclo electoral, se profundiza con el paso de los meses. Sin una lectura compartida de las derrotas sufridas y con múltiples debates abiertos en simultáneo, el peronismo no logra consensuar una estrategia clara frente al gobierno de Javier Milei.

La falta de una conducción nacional activa dejó al PJ atrapado en una superposición de discusiones que cruzan la relación con el Ejecutivo, el rol de los gobernadores, la interna bonaerense y la necesidad de construir una alternativa competitiva con proyección nacional. En ese escenario fragmentado, cada sector avanza según sus propios intereses y tiempos.

Las provincias adquirieron un peso determinante en este proceso. Varios gobernadores peronistas optaron por una postura pragmática, priorizando la gestión y el diálogo institucional con la Casa Rosada. Esa decisión, clave para sostener recursos y gobernabilidad local, genera tensiones con sectores partidarios que reclaman una posición más firme frente a las políticas del Gobierno nacional.

La ausencia de una línea política común profundiza ese contrapunto. Mientras algunos dirigentes interpretan el diálogo como una herramienta necesaria, otros lo consideran una señal de dispersión y debilidad. Sin una conducción que ordene el debate, la discusión queda librada a equilibrios precarios.

La fragmentación se expresa con mayor claridad en la provincia de Buenos Aires. Allí conviven, sin una mesa de coordinación estable, el espacio que impulsa el gobernador Axel Kicillof, la estructura de La Cámpora y los intendentes del conurbano, cada uno con agendas propias. La derrota electoral no derivó en un cierre de filas, sino en una disputa abierta por la conducción partidaria y la proyección hacia 2027.

Kicillof intenta correrse parcialmente de esa interna con gestos hacia el interior del país y un discurso de alcance federal. En un plenario del Movimiento Derecho al Futuro, afirmó que esa construcción “nació desde el peronismo”, pero advirtió que “no alcanza solo con el peronismo ni con la provincia de Buenos Aires” para edificar una alternativa nacional.

Sin embargo, esa búsqueda de apertura no resuelve el interrogante central: quién conduce y bajo qué reglas. La estrategia nacional sigue condicionada por la disputa bonaerense, hoy el principal eje del conflicto interno.

El fin del mandato de Máximo Kirchner al frente del PJ provincial y la convocatoria a elecciones partidarias reactivaron una pelea que excede lo orgánico. Se discute el control del armado, la conformación de listas y la conducción futura. Kirchner dejó abierta la puerta a una eventual reelección y cuestionó el predominio de una lógica electoral por sobre la política.

Desde el entorno del gobernador, Andrés “Cuervo” Larroque planteó una posición distinta: reclamó un PJ bonaerense alineado con la gestión provincial y con capacidad de convertirse en un respaldo político contundente en un contexto nacional delicado.

A este escenario se suman otros debates sensibles, como las reelecciones indefinidas de intendentes y los conflictos entre sectores sociales y municipios gobernados por el camporismo, que exponen una fragmentación más profunda.

En paralelo, Sergio Massa intenta cumplir un rol de articulador interno, con reuniones y gestos orientados a sostener puentes entre los distintos sectores. Por ahora, esos esfuerzos no alcanzan para ordenar una síntesis política.

Opinión pública: sin una conducción clara y sin reglas compartidas, el peronismo corre el riesgo de prolongar un proceso de desgaste interno que dificulte la construcción de una alternativa sólida. Mientras las disputas de poder sigan prevaleciendo sobre una estrategia común, la respuesta política frente al Gobierno continuará fragmentada.

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