A casi dos años de las elecciones presidenciales de 2027, el peronismo atraviesa una etapa de redefiniciones estratégicas. En ese escenario, la figura del gobernador bonaerense Axel Kicillof comienza a proyectarse más allá de los límites de la provincia de Buenos Aires, con un incipiente armado federal que se despliega en distintas regiones del país. En el entorno del mandatario insisten en que no existe una estructura nacional de campaña ni un lanzamiento formal. Sin embargo, en el interior ya hay dirigentes que trabajan activamente bajo la consigna “Kicillof 2027”, convencidos de que el actual gobernador representa una alternativa competitiva frente al gobierno de Javier Milei. La idea que sobrevuela ese armado es doble: por un lado, la convicción de que “es con Axel”; por otro, la certeza de que solo con el peronismo tradicional no alcanza. La construcción apunta a ampliar el espacio político, sumar volumen territorial y atraer a sectores que hoy se mantienen al margen de la interna kirchnerista. Uno de los principales impulsores de esa estrategia es el ministro de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque, quien durante el último año recorrió provincias como Santa Fe, Entre Ríos y Formosa. La lectura es clara: sin presencia en el territorio y sin articulación federal, no hay posibilidad real de disputar el poder nacional. Desde el Movimiento Derecho al Futuro, el espacio que referencia a Kicillof, aclaran que no se trata de un armado oficial, aunque admiten que dejan avanzar las expresiones provinciales que se organizan en su nombre. “En el territorio, muchos compañeros creen que el camino es con Axel”, confió a este medio un legislador nacional de la Patagonia. En paralelo, el gobernador bonaerense mantuvo reuniones con mandatarios provinciales como Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gustavo Melella, Gerardo Zamora y Gildo Insfrán. Esos encuentros, que algunos interpretan como un distanciamiento del liderazgo de Cristina Kirchner, abren un nuevo desafío: cómo construir un relato de renovación política conviviendo con figuras históricas del poder territorial. Incluso, en algunos despachos se animan a proyectar un eventual acercamiento de otros gobernadores peronistas, como el cordobés Martín Llaryora, aunque hoy ese escenario aparece como lejano debido a su pertenencia al espacio Provincias Unidas. En el sur del país, el armado comienza a mostrar señales concretas. En Chubut, el intendente de Dolavon, Dante Bowen, lanzó el Frente Patria y Futuro como expresión local del proyecto nacional. A ese esquema se suman dirigentes como Alfredo Béliz y el exministro Norberto Yahuar, mientras que otros intendentes de la región ya se alinean con la misma estrategia. En Neuquén, el diputado nacional Pablo Todero y sectores vinculados al histórico dirigente Darío Martínez también ven en Kicillof una referencia nacional posible. En La Rioja, hace apenas tres meses, representantes de los PJ provinciales se reunieron para comenzar a debatir la plataforma 2027-2031, con una coincidencia inicial: la figura del gobernador bonaerense como eje de unidad. “Axel puede ser el imán que nos una a todos”, resumieron desde ese espacio, donde primero buscan acordar la candidatura presidencial y luego discutir los armados provinciales. La relación con La Cámpora, hoy claramente deteriorada tras el distanciamiento con Cristina Kirchner, aparece como una incógnita a resolver más adelante. En el kicillofismo confían en que, llegado el momento, la necesidad electoral impondrá la unidad. Opinión pública: sin anuncios rimbombantes ni gestos grandilocuentes, el kicillofismo parece apostar a una construcción silenciosa pero persistente. En un peronismo golpeado y fragmentado, la territorialidad vuelve a ser la clave. El desafío será transformar ese armado disperso en un proyecto nacional coherente, capaz de ampliar fronteras sin repetir viejos esquemas. TAPA DEL DÍA