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La abogada argentina retenida en Brasil rompió el silencio tras reencontrarse con su familia: “Siento que mi vida corre peligro”

Agostina Páez, acusada de injuria racial y sometida a restricciones judiciales en Río de Janeiro, volvió a ver a su padre y a su hermana después de semanas de tensión. Asegura que recibe amenazas constantes y advierte sobre el clima de hostilidad que enfrenta mientras la Justicia brasileña define su futuro.

  • 08/02/2026 • 10:34

TAPA DEL DÍA

El reencuentro fue breve, emotivo y cargado de preocupación. Agostina Páez, la abogada argentina de 29 años que permanece retenida en Brasil en el marco de una causa judicial por injuria racial, volvió a ver a su padre y a su hermana menor en la puerta del edificio donde se encuentra alojada en Río de Janeiro, bajo un régimen de libertad ambulatoria con tobillera electrónica.

Tras semanas de incertidumbre, el abrazo familiar marcó un punto de inflexión en una situación que sigue siendo delicada. “La gente me odia, hay mucho ensañamiento”, expresó la joven, visiblemente afectada, al referirse al contexto social que atraviesa desde que el caso tomó estado público. Su testimonio dejó al descubierto el temor que la acompaña a diario: asegura que recibe amenazas y que se siente expuesta.

La llegada de su padre, Mariano Páez, y de su hermana se produjo luego de una intensa gestión para conseguir pasajes. “Sentí mucho miedo cuando la detuvieron, temí por su vida”, reconoció el hombre, quien adelantó que permanecerán en Brasil entre una semana y quince días, mientras mantienen reuniones con el abogado defensor y evalúan un eventual contacto con autoridades consulares.

“Que esté acompañada es un alivio enorme”, sostuvo el padre, al tiempo que confirmó que Agostina puede movilizarse dentro de la ciudad, aunque debe cumplir estrictamente con las medidas impuestas por la Justicia: uso permanente de tobillera electrónica y presentación mensual ante el juzgado correspondiente.

La joven optó por no exponerse públicamente en imágenes y explicó los motivos. Señaló que su figura se encuentra asociada a campañas de fuerte contenido simbólico y que eso incrementó los niveles de hostilidad en su contra. Según relató, recibe mensajes intimidatorios de manera constante y limita sus salidas por razones de seguridad.

“Estoy muy expuesta y desprotegida”, afirmó, y remarcó que no puede brindar mayores detalles sobre el expediente judicial. Aseguró, sin embargo, que su declaración ante la Justicia fue fiel a los hechos y que cualquier palabra fuera de ese marco podría ser interpretada de manera adversa.

La causa que enfrenta Páez contempla, según la legislación brasileña, penas que van de los dos a los cinco años de prisión. El expediente está a cargo del juez Orlando Eliazaro Feitosa, del Tribunal de Justicia de la Comarca de Río de Janeiro, quien deberá resolver los próximos pasos del proceso.

Desde la defensa insisten en que no existen riesgos procesales y subrayan que la joven cumplió desde el inicio con todas las restricciones judiciales. No obstante, la prohibición de abandonar el país continúa vigente, pese a que ya le fue devuelto su documento nacional.

La situación personal de la abogada se agravó en las últimas semanas tras un episodio ocurrido en el departamento donde residía de forma temporaria, lo que derivó en una mudanza por cuestiones de seguridad. Su entorno más cercano manifiesta preocupación por su estado emocional y por el impacto que el contexto tiene en su salud.

En las últimas horas, además, se conoció que Páez pasó varias horas detenida en una comisaría, luego de que el Ministerio Público Fiscal solicitara su prisión preventiva, medida que finalmente no prosperó.

Mientras la causa avanza en el ámbito judicial, el caso expone una combinación compleja de proceso penal, presión social y un escenario personal marcado por el aislamiento y el temor. La resolución definitiva aún no tiene plazos claros y el regreso a la Argentina, por ahora, permanece sin fecha.

Opinión pública: más allá del curso judicial, el caso de Agostina Páez deja una señal de alerta sobre cómo los procesos mediáticos y la exposición pública pueden agravar situaciones personales sensibles, incluso antes de que exista una definición judicial firme.

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