TAPA DEL DÍA La Casa Rosada volvió a ser este martes el epicentro de una definición política de alto voltaje. Desde las 10 de la mañana, la mesa política del oficialismo nacional se encuentra reunida para terminar de delinear el proyecto de reforma laboral que el Gobierno prevé enviar al Senado en las próximas horas, en una sesión que se anticipa clave para el futuro del programa legislativo libertario. El encuentro se desarrolla en el despacho del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien fue el encargado de convocar a la plana mayor del oficialismo con el objetivo de ordenar posiciones, cerrar filas internas y resolver los puntos más controvertidos del texto antes de su tratamiento parlamentario. La premisa es clara: evitar fisuras que compliquen una iniciativa considerada central para la agenda económica del Ejecutivo. Entre los dirigentes que participaron de la reunión se encuentran el asesor presidencial Santiago Caputo; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el ministro del Interior, Diego Santilli; la jefa del bloque oficialista en el Senado, Patricia Bullrich; el armador político Eduardo “Lule” Menem; y el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt. La ausencia más notoria fue la de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, habitual protagonista de este tipo de cónclaves. Como invitado cada vez más frecuente, también se sumó el ministro de Economía, Luis Caputo, cuya presencia estuvo directamente vinculada a uno de los capítulos más delicados del proyecto: el impacto fiscal de la reforma, en particular el artículo que propone modificaciones en el Impuesto a las Ganancias para las sociedades. Caputo fue, de hecho, el primero en retirarse, tras permanecer cerca de una hora en la reunión. El oficialismo da por descontado que cuenta con los votos necesarios para avanzar con la aprobación en general del proyecto. Sin embargo, el verdadero debate se concentra en cerca de 20 artículos —de un total de 182— que todavía no lograron consenso pleno con los bloques opositores ni con los gobernadores, actores clave en el tablero político del Senado. El foco principal está puesto en Ganancias. Tal como está redactado actualmente, el artículo no tendría los respaldos suficientes, ya que las provincias advierten que una reducción abrupta del tributo implicaría una merma significativa en los fondos coparticipables. Frente a ese escenario, el Gobierno analiza alternativas que van desde una baja gradual en el tiempo hasta la eliminación lisa y llana de la normativa, aunque esta última opción genera fuertes resistencias. Según trascendió, una de las propuestas en estudio contempla una reducción escalonada del impuesto: un recorte del 50% en 2027 y el restante 50% en 2028. El esquema original prevé disminuciones de las alícuotas del 35% al 31,5% y luego al 27% para las categorías superiores, con un impacto fiscal estimado en 0,22 puntos del PBI, de los cuales una parte recaería sobre las provincias. Para evitar que este debate condicione el avance de la reforma laboral, en el seno del Gobierno no se descarta postergar los cambios impositivos y tratarlos en un proyecto tributario específico más adelante. La estrategia apunta a preservar el núcleo del texto laboral y garantizar una media sanción sin sobresaltos. En ese marco, Bullrich mantuvo en las últimas horas reuniones reservadas con senadores de la oposición considerados clave para la votación artículo por artículo. La intención es llegar a la sesión con un texto pulido, sin ambigüedades ni errores de redacción que puedan abrir flancos innecesarios en el recinto. La expectativa oficial es cerrar este martes el documento definitivo, tras una última revisión política, y avanzar mañana con el tratamiento en la Cámara Alta. Lo que se juega no es solo una ley, sino la capacidad del Gobierno de sostener cohesión interna y diálogo político en una de las reformas más sensibles de su gestión. Opinión pública Más allá del resultado legislativo inmediato, la discusión expone una tensión de fondo que el Gobierno aún no logra resolver del todo: cómo compatibilizar una agenda de reformas estructurales con la necesidad de sostener el equilibrio fiscal y la gobernabilidad federal. La forma en que se cierre el capítulo de Ganancias será una señal clara de hasta dónde el oficialismo está dispuesto a ceder para avanzar. TAPA DEL DÍA