TAPA DEL DÍA Córdoba dejó de pensar en el mediano plazo y ya se mueve con lógica de año electoral. Con una visita presidencial en agenda, rumores cada vez más firmes de un adelantamiento de los comicios provinciales y una oposición que intenta ordenar sus ambiciones, el escenario político comenzó a tomar temperatura como si el 2027 estuviera a la vuelta de la esquina. El dato que aceleró todos los tiempos es la presunción, ampliamente compartida en la dirigencia opositora, de que el gobernador Martín Llaryora podría convocar a elecciones para el primer trimestre del próximo año. Ese eventual cambio de calendario obliga a recalcular estrategias, redefinir alianzas y adelantar definiciones que, en otro contexto, habrían quedado para más adelante. En ese marco se inscribe la llegada de Javier Milei a la provincia. El Presidente participará del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, en una de las noches de mayor convocatoria. Más allá del carácter cultural del evento, la presencia presidencial es leída en clave política: representa un respaldo explícito a Gabriel Bornoroni, principal referente de La Libertad Avanza en Córdoba, que trabaja para dotar de volumen territorial a un espacio todavía en construcción. El armado libertario avanza con cautela pero con ambición. Incluye al Frente Cívico de Luis Juez y a sectores de la Unión Cívica Radical, aunque no sin tensiones. La figura de Rodrigo de Loredo aparece como el principal punto de fricción: es el único dirigente que ya oficializó su candidatura a gobernador y recorre la provincia con discurso de campaña, algo que incomoda a quienes consideran prematuro ese movimiento. La disputa por la gobernación se intensifica porque, según coinciden distintos actores, el peronismo cordobés atraviesa un momento de desgaste. En 2023, Llaryora logró imponerse por un margen ajustado y, desde entonces, el oficialismo no consiguió consolidar una narrativa de fortaleza. Las últimas elecciones legislativas, en las que el peronismo quedó relegado frente a una oferta opositora competitiva, reforzaron la percepción de un clima político cambiante. Sin embargo, el verdadero corazón de la pelea está en la ciudad de Córdoba. La capital concentra el mayor peso electoral de la provincia y fue decisiva para el triunfo del actual gobernador. Por eso, cada movimiento en el Palacio 6 de Julio es observado con lupa. Los recientes cambios en el gabinete provincial, con funcionarios de fuerte arraigo capitalino, fueron interpretados como una señal clara de defensa del principal bastión. La sucesión en la intendencia también abrió una danza de nombres. Daniel Passerini, que no puede buscar la reelección, observa cómo distintos sectores comienzan a posicionarse. En el peronismo hay varios funcionarios que se anotan en silencio; en la UCR ya se expresaron Soledad Carrizo, Dante Rossi y Juan Negri; y en el universo libertario aparecen alternativas todavía sin una conducción definida. En La Libertad Avanza repiten una consigna: “todavía es temprano para hablar de candidaturas”. El mensaje apunta tanto a la carrera por la intendencia como a la disputa provincial y funciona, además, como un límite político a la estrategia de De Loredo. Aun así, dentro del espacio reconocen que el dirigente radical es una pieza clave para construir una opción competitiva y que ningún actor puede ser descartado sin costos. La falta de elecciones primarias en Córdoba agrega complejidad al escenario. Sin ese mecanismo, cualquier definición requerirá acuerdos políticos finos o internas abiertas consensuadas, una alternativa que el propio De Loredo ya deslizó públicamente. Nadie quiere romper, todos saben que la fragmentación sería funcional al oficialismo. La experiencia de 2023 dejó una lección clara: la unidad no garantiza el triunfo, pero la división asegura la derrota. La diferencia, esta vez, es la presencia de Milei como factor de atracción electoral. Incluso si la elección se desdobla, en la oposición confían en que su figura pueda generar un arrastre decisivo, como ya ocurrió en otros distritos. La política cordobesa entró en una fase de definiciones anticipadas. Nada está cerrado, pero todo está en discusión. Y cuando eso ocurre, suele ser porque el poder empieza a cambiar de manos. Opinión pública: si el peronismo no logra recomponer liderazgo y mensaje en la capital, el adelantamiento electoral podría convertirse en un riesgo más que en una ventaja. La oposición, aun con sus tensiones, parece haber entendido que el tiempo ya empezó a correr. TAPA DEL DÍA