TAPA DEL DÍA El mercado laboral argentino atraviesa una transformación profunda y silenciosa. En un contexto marcado por la digitalización, la reconversión productiva y la escasez de talento calificado, el valor del título universitario dejó de ser un requisito excluyente para acceder a los mejores salarios. Hoy, la experiencia comprobable, las certificaciones específicas y las habilidades blandas pesan tanto —o más— que una carrera de grado. Consultoras especializadas en recursos humanos coinciden en un diagnóstico claro: el secundario completo sigue siendo un piso de ingreso para muchos empleos, pero ya no define el techo profesional ni salarial. Las empresas buscan perfiles capaces de adaptarse, aprender rápido y resolver problemas concretos, en un mercado donde los conocimientos tienen una vida útil cada vez más corta. “Los títulos, por sí solos, no alcanzan. Lo que se evalúa es la capacidad real de la persona para aportar valor”, explican desde el sector de selección de personal. La disciplina, el compromiso, la actitud frente al trabajo y la experiencia práctica se convirtieron en variables decisivas en los procesos de contratación. Esta tendencia se observa con fuerza en áreas tecnológicas, técnicas, comerciales y de salud, donde la demanda supera ampliamente a la oferta disponible. Allí aparecen puestos que no requieren estudios universitarios, pero que ofrecen remuneraciones que pueden llegar —y en algunos casos superar— los $4.000.000 mensuales. Los perfiles más demandados y mejor pagos Entre los puestos que concentran mayor búsqueda se destacan los desarrolladores Full Stack. Se trata de un perfil crítico para empresas de todos los tamaños, donde el acceso al empleo suele depender de portafolios, pruebas técnicas y experiencia previa. Muchos profesionales se forman en bootcamps o de manera autodidacta. Los salarios van desde $1.800.000 hasta $3.500.000. También creció de manera exponencial la demanda de especialistas en ciberseguridad y análisis de datos. La proliferación de incidentes digitales empujó a las empresas a contratar perfiles idóneos con certificaciones y experiencia, sin exigir título universitario. En estos casos, los sueldos parten de los $2.000.000. En el sistema financiero, los empleados bancarios que ingresan en áreas administrativas o de atención al público solo necesitan secundario completo. Gracias a convenios colectivos sólidos, los salarios iniciales superan los $2.000.000 y cuentan con actualizaciones periódicas. La industria y los servicios también muestran una fuerte necesidad de operarios especializados y técnicos. Mecánicos, electromecánicos y personal de mantenimiento pueden percibir entre $1.200.000 y $1.500.000, aunque en determinados convenios, como el aceitero, los ingresos superan los $2.500.000. Uno de los puestos más codiciados es el de Agente de Propaganda Médica. Con formación no universitaria y esquemas de incentivos por objetivos, estos profesionales pueden alcanzar ingresos cercanos a los $4.000.000 mensuales. La demanda se mantiene alta en laboratorios, distribuidoras y empresas de insumos médicos. En el ámbito de la salud, los instrumentadores quirúrgicos se consolidan como un perfil crítico. Con estudios terciarios, registran sueldos iniciales en torno a los $3.000.000 y una demanda sostenida en clínicas y hospitales, en un contexto de escasez de personal especializado. Los oficios vuelven al centro de la escena Más allá de estos roles, los oficios tradicionales atraviesan un fuerte resurgimiento. Técnicos de mantenimiento, soldadores, herreros, plomeros y especialistas en instalaciones figuran entre los puestos más difíciles de cubrir. En estas posiciones, los resultados y la experiencia pesan más que cualquier diploma. Según relevamientos privados, casi siete de cada diez empresas reconocen tener serias dificultades para encontrar talento técnico calificado. Los salarios reflejan esa escasez: técnicos con experiencia cobran entre $1.500.000 y $1.800.000, mientras que los representantes comerciales pueden alcanzar ingresos de entre $2.000.000 y $2.800.000, según el esquema de comisiones. Una señal clara del nuevo mercado laboral El mensaje es contundente: la empleabilidad ya no se construye solo en las aulas universitarias. Se sostiene en la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender, en la adaptación permanente y en el desarrollo de habilidades humanas que la tecnología todavía no puede reemplazar. Opinión pública: este cambio no implica el fin de la educación formal, pero sí expone una deuda estructural del sistema educativo con el mundo del trabajo real. Mientras la economía demanda perfiles técnicos y prácticos, la falta de formación en oficios y habilidades específicas se convierte en uno de los principales cuellos de botella del crecimiento productivo argentino. TAPA DEL DÍA