TAPA DEL DÍA Luego de un 2025 marcado por la pérdida de poder adquisitivo en amplios sectores, las empresas argentinas encaran 2026 con un cambio de enfoque en materia salarial. La consigna dominante ya no pasa por correr detrás de la inflación, sino por intentar sincronizar los aumentos con la evolución de los precios, en un escenario que promete mayor previsibilidad. Así lo refleja un informe de PwC elaborado a partir de un relevamiento entre 148 organizaciones de todo el país. El estudio confirma que durante 2025 la inflación alcanzó el 31,5%, mientras que los incrementos salariales promedio para el personal fuera de convenio fueron del 29,56%, quedando levemente por debajo del índice oficial. La brecha no fue homogénea. Solo el 33% de las empresas otorgó ajustes iguales o superiores a la inflación, mientras que el 67% restante quedó rezagado. Dentro de este último grupo, algunas compañías evaluaron compensar la diferencia, aunque más de la mitad ya descartó cualquier corrección retroactiva. De cara a 2026, el panorama aparece más estable. Las organizaciones consultadas proyectan un aumento salarial anual cercano al 23%, en línea con una inflación estimada en niveles similares, de acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, que prevé un índice del 22,4%. Otro dato relevante es el cambio en la dinámica de los ajustes. Casi la mitad de las empresas planea aplicar entre uno y tres incrementos a lo largo del año, dejando atrás los esquemas de actualizaciones frecuentes que dominaron los períodos de mayor incertidumbre. “Las organizaciones empiezan a recuperar capacidad de planificación. La convergencia entre inflación proyectada y ajustes salariales permite salir de una lógica reactiva y volver a pensar políticas de compensación con una mirada estratégica, más alineada al negocio y al desempeño”, explicó Damián Vázquez, socio líder de Management Consulting de PwC Argentina. En paralelo, especialistas anticipan paritarias más equilibradas y con acuerdos de mayor duración, en general anuales, con incrementos atados a la inflación y, cuando el contexto lo permita, algún punto adicional que no ponga en tensión el esquema macroeconómico. La recuperación, sin embargo, no será uniforme. Sectores como energía y minería aparecen con mayor margen para mejorar salarios, mientras que la industria y el comercio enfrentarán restricciones más severas. Algunos acuerdos ya dan señales de esta nueva etapa. Empleados de comercio, uno de los gremios más numerosos del país, pactaron para el inicio de 2026 un esquema de sumas fijas no remunerativas de $100.000 mensuales durante enero, febrero y marzo, que se incorporarán al básico a partir de abril. En tanto, los trabajadores bancarios acordaron una suba del 2,8% para enero, en línea con la inflación de diciembre, manteniendo el mecanismo de actualización que el sector aplica desde hace más de un año. Desde la óptica del mercado laboral, los datos de Bumeran muestran que en 2025 el salario pretendido acumuló una suba del 34,66%, por encima de la inflación anual. No obstante, diciembre marcó una señal de alerta: el salario promedio solicitado cayó un 3,71% respecto de noviembre y se ubicó en $1.731.592 brutos mensuales, el retroceso mensual más fuerte del año. En este contexto, la reforma laboral impulsada por el Gobierno introduce el debate sobre esquemas de “salarios dinámicos”, con componentes variables asociados al desempeño individual, la productividad o la situación de cada empresa. Desde el Consejo de Mayo, ámbito del que surgió el proyecto, sostienen que estos mecanismos permitirían ajustes flexibles sin afectar los mínimos legales y convencionales. Opinión pública: la convergencia entre inflación y salarios que anticipan las empresas abre una ventana de orden tras años de urgencias. El desafío será que esa previsibilidad no se traduzca en estancamiento, sino en una recuperación gradual y real del ingreso, especialmente en los sectores más expuestos a la pérdida de poder adquisitivo. TAPA DEL DÍA